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Feroz golpe de poder del Papa Francisco: echó al arzobispo de La Plata que lideraba una rebelión interna

Gabriel Mestre asoma como parte de un enfrentamiento con el Papa por el máximo sillón de la diócesis de Mar del Plata.

El Papa Francisco sacudió a la Iglesia argentina y de manera sorpresiva le pidió la renuncia al arzobispo de La Plata, Gabriel Mestre, a menos de un año de haberlo designado en reemplazo de monseñor Víctor Fernández.

Mestre comunicó su salida esta mañana en una carta en la que deja algunas pistas del motivo de su renuncia. «En la Ciudad Eterna, después de confrontar algunas percepciones distintas con lo acontecido en la diócesis de Mar del Plata desde noviembre de 2023 hasta la actualidad, el Papa Francisco me pidió la renuncia a la sede platense», escribió Mestre.

Según pudo reconstruir LPO, Mestre encabezó una rebelión en Mar del Plata por el nombramiento de su sucesor. Francisco quería un obispo externo a esa diócesis, pero se encontró con la resistencia de todo el clero marplatense, que -junto a Mestre- buscaron imponer al padre Luis Albóniga.

Durante meses hubo solicitadas, desplantes y hasta operaciones en los medios para limar a los obispos que Francisco designaba en Mar del Plata. Las presiones internas en esa diócesis forzaron las jubilaciones (adelantadas) de dos obispos por diversos motivos.

Fue una desobediencia directa contra Francisco, quien la semana pasada cortó por lo llano y llamó a Mestre al Vaticano y le pidió la renuncia al arzobispado de La Plata, la tercera jurisdicción eclesiástica católica en importancia del país después de Buenos Aires y Córdoba.

Tras la designación de Mestre, en julio del año pasado, la diócesis de Mar del Plata eligió como administrador diocesano a Albóniga. Hasta ahí todo marchaba tal como lo deseaba el propio Mestre y el resto del clero marplatense.

En la Ciudad Eterna, después de confrontar algunas percepciones distintas con lo acontecido en la diócesis de Mar del Plata desde noviembre de 2023 hasta la actualidad, el Papa Francisco me pidió la renuncia a la sede platense.

Sin embargo, en noviembre, Francisco designó como obispo de la ciudad a José María Baliña, que hasta entonces se desempeñaba como obispo auxiliar de Buenos Aires. Ese nombramiento cayó mal en el clero local que esperaba que Albóniga sea designado obispo. Sin embargo, el Papa estaba decidido a que esa diócesis sea administrada por un obispo externo.

Sorpresivamente, pocos días después Baliña renunció a ese nombramiento argumentando problemas de salud y en Mar del Plata se volvieron a entusiasmar con la posibilidad que ahora si el nombramiento recayera en Albóniga.

Sin embargo, Bergoglio designó a monseñor Gustavo Larrazábal, obispo auxiliar de San Juan de Cuyo, quien sorpresivamente presentó su renuncia tres días antes de su toma de posesión, programada para el 20 de enero.

Por esos días, trascendieron versiones de supuestos delitos de acoso y abuso de poder, registrados entre 2007 y 2013. Esas denuncias se conocieron a partir de una periodística publicada en la Capital de Mar del Plata. En esa ciudad se habla de una operación contra Larrazábal pergeñada desde el interior de la diócesis local.

Ante esta situación, Francisco designó a monseñor Ernesto Giobando, también obispo auxiliar de Buenos Aires, como administrador apostólico de Mar del Plata, hasta que se defina al próximo obispo.

En tanto, el 29 de enero dispuso que Albóniga, quien seguía siendo promovido para ser obispo, sea trasladado nada menos que a Jujuy. «La Iglesia le ha pedido al padre Albóniga un tiempo fuera de la diócesis, luego de su tarea como administrador diocesano, y entendiendo que es bueno para él», dijo el vicario parroquial, Lucas Di Leva, al comunicar la noticia.

«Es un tiempo para seguir rezando especialmente por él. No es la mejor noticia que tenemos que dar, pero es lo que nos ha llegado para poder informarle a la comunidad», lamentó el sacerdote quien veía que las chances de que Albóniga sea designado como obispo se esfumaban definitivamente.

Con ese movimiento, Francisco cortó por lo sano. El siguiente movimiento llegó meses después y fue exigirle la renuncia a Mestre quien no hacía un año que estaba en La Plata.

«Me duele partir, me duele dejarlos como pastor de esta Iglesia Particular que peregrina en La Plata, pero estoy seguro de que Dios tiene planes mucho mejores que hoy no puedo terminar de descifrar», dice Mestre en su carta de renuncia.

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