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De la Sota se desmarca de Schiaretti y comienza a girar hacia Massa

Desde Brasil, donde fue parte de la comitiva oficial, la hija del fallecido exgobernador dijo que no será «neutral» en un eventual balotaje Milei-Massa. Antes votó en contra de la ley de alquileres.

El fin de ciclo iniciado por José Manuel de la Sota en diciembre de 1998 llega a su fin 25 años después con un hecho simbólico: la portadora del apellido, su hija Natalia, está abiertamente distanciada de Juan Schiaretti, el histórico socio del fallecido exgobernador.

Además de exteriorizar las relaciones freezadas entre ambos, la diputada tomó distancia en hechos concretos: rechazó la ley de alquileres aprobada por la mayoría de su bancada y Juntos por el Cambio y adelantó que el 19 de noviembre no será «neutral».

Aunque nunca se autopercibió schiarettista, De la Sota rechazó los convites de Sergio Massa para sumarse a Unión por la Patria, donde le aseguraban una vidriera importante en esta campaña que la tiene como una de las grandes ausentes, luego de que fuera excluida de las principales candidaturas. Se sabe que luchó por ser la candidata a vice de Martín Llaryora, quien se inclinó por la radical Myrian Prunotto, un golpe al hígado del peronismo convencional.

Ahora, Natalia comenzó un lento pero constante viraje hacia las posiciones del ministro de Economía. El primer hecho notable fue su voto en la sesión por la Ley de Alquileres: junto con «el Topo» Rodríguez votaron en contra de la modificación de esa norma que dejó en «desventaja» a los inquilinos frente a los propietarios.

De la Sota y Rodrìguez propusieron bajar la duración de los contratos a dos años y actualizar el valor cada seis meses, tomando como índice el RIPTE (salarios del sector formal) y el IPC (inflación). Quedaron offside en el bloque, que votó alineado con Juntos por el Cambio. Tampoco votó con el FdT, pero dejó en claro que el límite es Bullrich.

Días después, ambos viajaron en la comitiva oficial a Brasil, junto con Massa. En la embajada argentina posó junto al ministro, Daniel Scioli, «el Topo», Tanya Bertoldi y Eduardo Valdés.

Desde Brasilia anticipó que después de octubre, en un eventual balotaje, ella tomará partido por Massa, sin mantenerse neutral, posición a la que jugó Schiaretti en 2019, acción cuya consecuencia explícita fue el rompimiento de un sector del PJ (liderado por Carlos Caserio) con el gobernador provincial. «Sabemos qué modelo queremos para Argentina», dijo De la Sota en declaraciones a La Voz.

En octubre, Schiaretti tiene una parada complicadísima: retener los votos que logró en Córdoba, para aspirar a sentar a dos diputados: Gutiérrez, quien debe renovar su banca, y Alejandra Torres, funcionaria de Martín Llaryora y pareja de Osvaldo Giordano, ministro de Finanzas, quien podría continuar en el cargo.

Con esa meta, en el schiarettismo salieron a pedir «el voto útil para Córdoba», una narrativa que sigue la lógica de los «pituquitos de Recoleta». En el relanzamiento de la campaña de Schiaretti -acto al que el gobernador no asistió por transistor un cuadro de covid-, sobrevoló la idea de que lo útil es darle esos dos diputados nacionales a Llaryora. Sin embargo, las fugas de peronistas cordobeses hacia Massa son cada vez más frecuentes. Hasta ahora, De la Sota dice que seguirá junto a Schiaretti hasta el 22 de octubre.

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